Don Fermín, párroco de Santiago: «Cuando la Virgen de las Cruces se marcha el 12 de octubre, la iglesia se queda vacía»

El consiliario de la Hermandad de la Virgen de las Cruces reflexiona en MODELO sobre el fervor de Don Benito durante las novenas previas a la recta final de La Velá y la honda huella que deja la patrona en la ciudad.

La Parroquia de Santiago Apóstol vive estos días su semana más intensa del año convertida en el epicentro de la fe dombenitense. Acogiendo a la Virgen de las Cruces en los días previos a la festividad del 12 de octubre, el templo es un ir y venir incesante de vecinos de todas las edades que abarrotan las cinco novenas diarias que se celebran en su honor.

En un encuentro con MODELO Vegas Altas – La Serena, el párroco de Santiago y consiliario de la hermandad, Don Fermín, ha compartido el sentir de unas jornadas que califica de «entrañables» para toda la comarca. «Todo Don Benito cree, venera y siente a la Virgen de las Cruces. De todos los valores que me han transmitido los dombenitenses desde que llegué, el que más agradezco y más profundamente me ha calado es su devoción a su patrona«, subraya el sacerdote.

La devoción de un pueblo que se moviliza

Para Don Fermín, la respuesta de los fieles desborda cualquier previsión año tras año, desde los más pequeños hasta los mayores: «Nosotros y la hermandad no somos protagonistas de nada. Es el pueblo entero el que se moviliza y nos mueve a nosotros para organizar las cosas». Como anécdota, el párroco recuerda la sorpresa que despierta fuera de la comarca la magnitud de estos cultos: «Tengo un amigo sacerdote a nivel nacional que cuando le hablo de Don Benito siempre me dice: que en una ciudad haya cinco novenas diarias y se llene el templo, no sucede en ningún lugar del mundo«.

El vacío del 12 de octubre

El punto culminante de La Velá llegará el próximo sábado 12 de octubre, cuando la patrona regrese en romería a su ermita acompañada por miles de personas de Don Benito y de toda la comarca de las Vegas Altas. Una jornada de despedida que deja un fuerte poso sentimental en la parroquia.

«Cuando se va la Virgen, noto una nostalgia enorme. Se queda la iglesia como vacía, porque las madres llenan la casa. Y ella, como madre del pueblo de Dios y de Don Benito, llena el templo con su presencia. Cuando se marcha por la carretera hacia su ermita, queda ese vacío«, concluye el párroco, invitando a todos los vecinos a disfrutar de su día grande con el mismo cariño y devoción de siempre.

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